No
El de porque lo digo yo
La primera palabra que dicen muchos bebés es "no", porque es la que más oyen.
Nuestra idea de disciplina o de una correcta enseñanza es, en general, decirle a los demás lo que no deben hacer, en vez de lo que sí.
¿Por qué nos empeñamos tanto en acotar un terreno que ya es nuestro? Pues porque a ver si te van a entrar a robar, niña.
Desconfiamos de todo antes de empezar a hacer lo contrario. Y eso les transmitimos a los que más queremos sin querer: miedo.
El noventa por ciento de las cosas a las que decimos que no, suelen estar ligadas a un sentimiento de miedo, ya sea real o simplemente absurdo. Y después de analizar de dónde puede venirnos el pánico práctico de unas dos o tres cosas vividas, y de un millón de mierdas inventadas, empezamos a odiar, odiar al sistema, al patriarcado, a la hipocresía y al que creó La Isla de las Tentaciones porque ahí me tiene como un piojo.
Pero odiar es como beber veneno y esperar a que el otro se muera. Tenemos nuestros traumas y autolimitaciones bien ordenaditos y calentando en la banda para cuando nos hacemos los lesionaos, pero nunca nos fijamos en quién es ese que nos mira desde el banquillo, ese que manda, el mismo que en vez de pedir el cambio te dice que te levantes y que le pidas al arbi falta, coño.
El entrenador eres tú, y sabes que te has tirao. Échate Reflex, máquina.
Hacia el final de la película Nosferatu, dicen que «debemos conocer el mal en nosotros mismos para destruirlo», abrí Notas corriendo porque todas las buenas citas se me olvidan a los diez minutos, como la sonrisa de agradecimiento que te ha dedicado esa mujer por parar en el paso de cebra y que te ha apañado la mañana. Tenemos la mala costumbre involuntaria de recordar, mucho más, las malas experiencias y olvidar, mucho más, las buenas. Si ya conocemos el mal en nosotros mismos, y no nos hace falta apuntarlo, no sé a qué esperamos para hacer una lista del bien para destruir los noes que escupimos a velocidad crucero, los que no son nuestros, los que nos dejan el estómago revuelto, los que nos hacen convivir con la duda para siempre y los que nos hacen arrepentirnos diez minutos después de no haberlos ahogado a tiempo porque el entrenador no tuvo autoridad suficiente para sacarte del campo y decirte que estás por encima de cualquier expectativa social, que si te entran a robar ya saldrán los perros, y que sí, sí puedes terminar lo que empiezas, sí puedes ser mejor que peor, sí puedes correr veintiún kilómetros con más actitud que rodaje, sí a ese curso sin ser tú nada de eso, sí al ofrecimiento de comida en casa ajena, sí al que si quiero o que si tengo, sí al «he sido yo», sí a comprarse ropa en el Pimkie, a equivocarse más veces para acertar en algo porque es la única forma de terminar haciéndolo, y sí, sí a La Isla sin sentirte una delincuente moral —estos últimos salid de detrás del visillo, que os estoy viendo los pies—.
Saber que otro te cubre las espaldas lo es todo, el verdadero camino es buscar a esa amiga que sabes que lo va a hacer sin importar las veces que tenga que hacerlo.
«Bueno te lo voy a decir. Mira, la amiga soy yo.»
BONUS TRACK:
Por logística ligada a la supervivencia, porque quiero que esto siga siendo algo que me fascine y no me fustigue, y porque siempre hay que priorizar la calidad a la cantidad, traeré Pisquilabis domingo sí, domingo no, como la Super Pop, para que si os atragantáis sea con vuestra propia baba, pero no con mi vermú.
Cara A #track03
Hasta el domingo que toque.
Cnt, bss, tkm




